Las naciones en desarrollo que son sometidas por las grandes potencias a través del cobro de préstamos económicos desorbitados están en su derecho de hacerles efectivo a esos países el cobro de la “deuda ecológica”, es decir, la retribución que debe dárseles por la depredación de sus recursos naturales o por ser destino de los desechos tóxicos expulsados por aquéllos, sugirió Joan Martínez Alier.
El teórico catalán, impulsor de la ecología política o de la ecología humana, dictó el pasado viernes al mediodía una conferencia magistral en el salón de usos múltiples “Carlos Marx” de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP).
Varios de esos asistentes, al tomar la palabra, reconocieron las aportaciones del maestro catalán al trabajo interdisciplinario y resaltaron las aportaciones valiosas que sus propuestas hacen no sólo para el estudio riguroso de la relación entre la acumulación de capital y el deterioro del planeta y de la calidad de vida de millones de personas, sino también como una visión de largo aliento que puede ayudar a solucionar los problemas de crisis mundial y depredación ambiental que padece el planeta.
El teórico catalán, impulsor de la ecología política o de la ecología humana, dictó el pasado viernes al mediodía una conferencia magistral en el salón de usos múltiples “Carlos Marx” de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP).
Varios de esos asistentes, al tomar la palabra, reconocieron las aportaciones del maestro catalán al trabajo interdisciplinario y resaltaron las aportaciones valiosas que sus propuestas hacen no sólo para el estudio riguroso de la relación entre la acumulación de capital y el deterioro del planeta y de la calidad de vida de millones de personas, sino también como una visión de largo aliento que puede ayudar a solucionar los problemas de crisis mundial y depredación ambiental que padece el planeta.
Desesperanza de la política
La exposición de Martínez Alier fue abundante en registros históricos y axiomas, pero se podría decir que la atravesó una idea básica: el desequilibrio en el mundo en una parte es resultado de la voracidad de los grandes capitales que explotan irracionalmente los recursos de las naciones pobres e incluso depositan ahí la basura que generan.
Esa ambición ilimitada no sólo produce daños irreversibles a la naturaleza, sino que cada vez más se cobra con la vida de millones de personas que son obligadas a desplazarse de sus lugares de origen simplemente porque en esos sitios hay recursos que los grandes consorcios transnacionales codician.
Por dichas razones, para Martínez Alier es vital que los movimientos populares de defensa del medio ambiente que se han generado alrededor del mundo se fortalezcan, pero sobre todo, que los gobiernos de las naciones en vías de desarrollo tomen la bandera de esas organizaciones, para hacerlas válidas en foros internacionales, a fin de hacer efectiva la “deuda ecológica”.
Hoy, recalcó, se tiene la creencia errónea de que los movimientos ecologistas tienen su origen y están sólo bien estructurados en Estados Unidos, en organizaciones representativas como Greenpeace.
En esa lógica, se refirió a que varios activistas o convencidos de la ecología política hoy son candidatos a las presidencias de sus respectivos países en candidaturas que tienen más un talante testimonial que una verdadera posibilidad de llegar al cargo; entre ellos mencionó a Mariana Silva, quien procede del movimiento ecologista popular en Brasil, compañera de Chico Méndes, uno de los más destacados luchadores e impulsores del ecologismo popular, o el ecologismo de los pobres.
Un caso similar, apuntó el conferenciante, es el de Marco Arana Zegarra, agitador en contra de una mina de oro a cielo abierto en Cajamarca y ex sacerdote que será postulante a la primera magistratura en Perú.
Empero, Martínez Alier aseveró: “yo no creo que con elecciones y con candidatos se cambie al mundo, porque muchas veces la experiencia enseña que los intereses reales someten a la gente y entonces terminan haciendo cosas que nunca pensaron que iban a hacer”.
Esa ambición ilimitada no sólo produce daños irreversibles a la naturaleza, sino que cada vez más se cobra con la vida de millones de personas que son obligadas a desplazarse de sus lugares de origen simplemente porque en esos sitios hay recursos que los grandes consorcios transnacionales codician.
Por dichas razones, para Martínez Alier es vital que los movimientos populares de defensa del medio ambiente que se han generado alrededor del mundo se fortalezcan, pero sobre todo, que los gobiernos de las naciones en vías de desarrollo tomen la bandera de esas organizaciones, para hacerlas válidas en foros internacionales, a fin de hacer efectiva la “deuda ecológica”.
Hoy, recalcó, se tiene la creencia errónea de que los movimientos ecologistas tienen su origen y están sólo bien estructurados en Estados Unidos, en organizaciones representativas como Greenpeace.
En esa lógica, se refirió a que varios activistas o convencidos de la ecología política hoy son candidatos a las presidencias de sus respectivos países en candidaturas que tienen más un talante testimonial que una verdadera posibilidad de llegar al cargo; entre ellos mencionó a Mariana Silva, quien procede del movimiento ecologista popular en Brasil, compañera de Chico Méndes, uno de los más destacados luchadores e impulsores del ecologismo popular, o el ecologismo de los pobres.
Un caso similar, apuntó el conferenciante, es el de Marco Arana Zegarra, agitador en contra de una mina de oro a cielo abierto en Cajamarca y ex sacerdote que será postulante a la primera magistratura en Perú.
Empero, Martínez Alier aseveró: “yo no creo que con elecciones y con candidatos se cambie al mundo, porque muchas veces la experiencia enseña que los intereses reales someten a la gente y entonces terminan haciendo cosas que nunca pensaron que iban a hacer”.
Ecologismo de los pobres
Joan Martínez también se refirió al ecologismo de los pobres. Los estudios en esta área, explicó, se orientan a las reacciones que surgen cuando el crecimiento económico que repercute en el aumento del metabolismo de la sociedad y la subsistencia de muchos humanos, cuyos territorios son invadidos por las empresas que van a extraer sus recursos naturales.
Pero los conflictos no son sólo de explotación, sino también de colocación de residuos, porque en la medida en que aumenta el uso de energía también se elevan los desechos.
Ambas acciones nocivas, la depredación de los recursos naturales y el confinamiento de basura y otros agentes contaminantes produce efectos no sólo sobre el medio ambiente, si no también sobre los seres humanos, y esos perjuicios pueden considerarse como deuda ecológica.
Hoy mismo, señaló Joan Martínez Alier, hay líderes en el mundo, en los países en vías de desarrollo, que quieren hacer efectiva esa deuda ecológica. Uno de ellos es el presidente boliviano Evo Morales, quien quiere cobrarle a los países ricos la deuda por el carbono, por el uso desproporcionado de la atmósfera y de los océanos para colocar desechos.
En otras naciones, abundó, como Ecuador, también se están generando movilizaciones en el sentido de hacer una alianza con Bolivia y con otros países para plantear el asunto de la deuda ecológica en la Cumbre de Copenhague sobre el clima.
Pero los conflictos no son sólo de explotación, sino también de colocación de residuos, porque en la medida en que aumenta el uso de energía también se elevan los desechos.
Ambas acciones nocivas, la depredación de los recursos naturales y el confinamiento de basura y otros agentes contaminantes produce efectos no sólo sobre el medio ambiente, si no también sobre los seres humanos, y esos perjuicios pueden considerarse como deuda ecológica.
Hoy mismo, señaló Joan Martínez Alier, hay líderes en el mundo, en los países en vías de desarrollo, que quieren hacer efectiva esa deuda ecológica. Uno de ellos es el presidente boliviano Evo Morales, quien quiere cobrarle a los países ricos la deuda por el carbono, por el uso desproporcionado de la atmósfera y de los océanos para colocar desechos.
En otras naciones, abundó, como Ecuador, también se están generando movilizaciones en el sentido de hacer una alianza con Bolivia y con otros países para plantear el asunto de la deuda ecológica en la Cumbre de Copenhague sobre el clima.
Gran alianza
“Los críticos ecológicos de la ciencia económica estamos de acuerdo en que los pasivos ambientales no salen en la contabilidad de las empresas mineras o de las empresas forestales. Los economistas usan esta palabra tan extraña, ‘externalidad’, como si el cambio climático fuera una cosa extraña, ajena y que apareció por que sí. Pero la verdad es que los pasivos se hacen visibles cuando la gente protesta, cuando la gente llama la atención sobre lo que está pasando”, asentó.
Martínez Alier se refirió a la teoría de la segunda contradicción del capitalismo, que elucubró su colega y amigo John O’ Connor, autor del libro La crisis final del capitalismo y coofundador de la revista Ecología política.
La primera contradicción, postulada por Marx, asegura que cuando los capitalistas pretenden generar la misma producción con menos trabajadores o reduciendo salarios para obtener más ganancia, provocan una disminución en el consumo. La segunda contradicción señala que la voracidad del mercado por explotar los recursos naturales terminará agotándolos para siempre.
En toda su disertación, Martínez Alier ensalzó las luchas populares por la defensa del medio ambiente, y habló de casos específicos en México. Mencionó en varias ocasiones la oposición de ecologistas, vecinos y ciudadanos en todo el país al daño que están produciendo las granjas Carroll, ubicadas en los límites de los estados de Puebla y Veracruz.
Incluso celebró la realización de la Quinta Asamblea Nacional de Afectados Ambientales en la localidad de Chichicuautla, del municipio de González Ortega, en la región de Libres–Oriental, y propuso que se generara un frente amplio para exigir justicia ambiental a las autoridades y a las empresas contaminantes.
Por su parte, Gian Carlo Delgado se refirió a las diversas luchas ambientales que están desarrollando organizaciones civiles y populares a lo largo del territorio mexicano y las contradicciones que el sistema está produciendo constantemente en un afán por proteger a los grandes capitales que depredan el medio ambiente.
Martínez Alier se refirió a la teoría de la segunda contradicción del capitalismo, que elucubró su colega y amigo John O’ Connor, autor del libro La crisis final del capitalismo y coofundador de la revista Ecología política.
La primera contradicción, postulada por Marx, asegura que cuando los capitalistas pretenden generar la misma producción con menos trabajadores o reduciendo salarios para obtener más ganancia, provocan una disminución en el consumo. La segunda contradicción señala que la voracidad del mercado por explotar los recursos naturales terminará agotándolos para siempre.
En toda su disertación, Martínez Alier ensalzó las luchas populares por la defensa del medio ambiente, y habló de casos específicos en México. Mencionó en varias ocasiones la oposición de ecologistas, vecinos y ciudadanos en todo el país al daño que están produciendo las granjas Carroll, ubicadas en los límites de los estados de Puebla y Veracruz.
Incluso celebró la realización de la Quinta Asamblea Nacional de Afectados Ambientales en la localidad de Chichicuautla, del municipio de González Ortega, en la región de Libres–Oriental, y propuso que se generara un frente amplio para exigir justicia ambiental a las autoridades y a las empresas contaminantes.
Por su parte, Gian Carlo Delgado se refirió a las diversas luchas ambientales que están desarrollando organizaciones civiles y populares a lo largo del territorio mexicano y las contradicciones que el sistema está produciendo constantemente en un afán por proteger a los grandes capitales que depredan el medio ambiente.

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